Es un tema recurrente. El tiempo. Ese que pasa tan lento, ese que nos separa. En varios sentidos: nos separa hasta que llegue el tiempo de estar juntos, y nos separan 7 horas cada día. Cada vez es más difícil encontrar un momento propicio en el que podamos hablar los dos tranquilos. Bueno, los tres, que ya es una rutina que nada más entrar en "casa", Bea se dirija hacia el ordenador diciendo papi... Ayer conseguí desviar su atención, y yo me quedé con las ganas de hablarte (aunque sea sin hablar, ya sabes) De repente me ví escribiendo sola, hablándote... Y maldiciendo el tiempo.
Por cierto, llueve en Madrid...
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