Una semana después tu ausencia se hace más evidente. No digo que no te echara de menos desde el principio, sólo que ahora lo noto más. Y nuestra comunicación vuelve a ser pura contradicción: estamos deseando vernos, poder hablar, pero llegado el momento, todo lo que durante el día piensas "esto se lo tengo que contar" se convierte en absurdo, nada es lo suficientemente importante, o simplemente no merece la pena contarlo, o no es necesario. Y al final nos miramos en silencio, sin decir nada, queriendo decir tanto...
Bea te mira como si tenerte en la pantalla fuera lo normal. Te dice hola, te tira besos...
Se porta muy bien, aunque como te he contado está en una fase un poco "pegona". Otra racha más que superar.
Te queremos, papi. Un día menos.
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