sábado, 5 de febrero de 2011

A las tres de la madrugada

Acabamos de chatear un minuto, y no, por supuesto no lo esperaba. Me fastidia que hayas estado trabajando hasta estas horas (tres de la madrugada allí), pero he de confesar que me has alegrado el día, porque hoy no esperaba hablar contigo, y poder desearte dulces sueños... cuando mi sábado prácticamente acaba de empezar, es gratificante. Qué descanses, cariño.

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